Presentación (José Luis Castiñeira de Dios)

Desde el histórico British Packet, pasando por las diversas crónicas sobre la vida social de la primera república, los argentinos siempre demostraron una fuerte vocación reflexiva y descriptiva con respecto a la vida musical de su tiempo. País del fin del mundo, las comparaciones siempre fueron difíciles de realizarse, sobre todo cuando se dependía de la llegada de un barco, de una tropa de carretas, de un ejército en campaña. Las novedades musicales recorrieron así caminos reales, ríos correntosos y salones sociales, llevadas de la mano de soldados victoriosos como el General San Martín, buen cantante y aceptable guitarrista, de filósofos políticos enciclopedistas y pianistas de salón como el tucumano Juan Bautista Alberdi, de damas longevas conspirativas como Madame Sánchez de Thompson, que atravesó un siglo despertando suspiros, confidencias y hasta emociones violentas en personajes tan rudos como Domingo Faustino Sarmiento, quien seguramente frecuentó su salón en su ocaso para escuchar las novedades musicales del tiempo y discurrir entre hombres sobre mujeres y política.
Esta pasión por lo musical tan tempranamente expresada por los argentinos se acentuó hasta el paroxismo cuando las nacientes industrias musicales del disco y su vehículo la radio, cambiaron la ecología sonora del mundo y del país. Todos los pueblos del mundo, todas las regiones de la República desembarcan en la Argentina del Centenario, cada una con sus tradiciones musicales, cada una con sus intérpretes y creadores, y entre todos inventan una fórmula  propia, el tango, que llenará páginas y páginas de revistas semanales y horas y horas de sonidos que poblarán, como se decía entonces, “el éter”.
En los años 30, Federico García Lorca le escribía desde Buenos Aires a su amigo Manuel de Falla invitándolo a venir a esta ciudad del sur que, según él, debía llamarse “conservatoriópolis”, tal era la furia educativa musical que animaba a sus habitantes. Y más tarde serían otros tantos géneros que se desarrollarían en el espacio asombrosamente ecléctico de la música argentina, brindando creadores e instrumentistas al mundo en géneros tan poco localistas como el jazz, la música sinfónica europea, el rock y los blues.
Evocar en esta exposición el espíritu crítico y reflexivo con que la música ocupa un lugar predominante en dos siglos de cultura argentina es honrar a los hombres y mujeres que hicieron de esa pasión una marca en nuestra sociedad a lo largo del tiempo, cuyos vestigios, como arquéologos, hoy ponemos en valor. Éste es nuestro homenaje, éste nuestro reconocimiento para quienes nos han dejado el recuerdo literario de esas músicas que quedaron sonando a lo largo de doscientos años de historia musical nacional.
José Luis Castiñeira de Dios
Compositor y director
Director Nacional de Artes

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